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viernes, 24 de mayo de 2013

"Soy un recolector" - Entrevista a José Delpino por Raquel Abend van Dalen


Dicen que te tomas un tiempo más bien extenso corrigiendo tus textos, es decir, que deben tener bastante historia.

Escribir, para mí, es una actividad obsesiva hasta el agotamiento. Al principio me generaba padecimientos, pero desde hace algunos años más que todo disfruto mucho la escritura, aunque deje en ella toda la energía de semanas en unas pocas horas. Escribir es para mí una actividad de exploración y combinación; y no porque escriba todos los días; vuelvo a ella cada tanto. Realmente, soy un escritor que acumula frases y percepciones, ideas y restos. Soy un recolector. Ando por ahí trabajando todo el tiempo en posibilidades no realizadas de letras; trabajando en borradores irreales, en frases potenciales. Quizás por eso me gusta tanto caminar, descubrir cosas, sintonizar. A veces me parece que un escritor en estos tiempos debe ser algo así como un receptor de radio.
Digamos entonces que mi obsesión con la escritura tiene básicamente dos caras. Una cara es constante: la cara de la recolección incansable, del escudriñamiento del presente, la historia, de la memoria; cara que depende marcadamente de la exigencia de una especie de culto profano a la necesidad y el azar. La otra cara de mi obsesión con la escritura es la de las teclas, la del impulso, la el rapto ritualizado y la combinatoria insistente. Es esa labor de construcción, pero también de extracción y proyección, la revisión de notas, de trazos, el desarrollo de tentativas, de tanteos. 

¿En qué consiste tu método de escritura poética?

Escribo cada tanto, pero cuando me siento, puedo pasar 12 horas componiendo uno o dos textos sin parar; o dos días seguidos de trabajo en varios textos. Escribir un poema me puede tomar varias horas previas de nada, de divagación, de vacío, de dilipendio del tiempo. Incluso cuando escribo de corrido, luego vienen muchas versiones de los poemas, de combinar, mover; de leer y releer una y otra vez todo en voz alta. Suelo visitar cada poema en varias ocasiones después de algunos meses o años, y repetir el trabajo incansable de retar al poema, de combinar y recombinar, para probar sus asís resistencias y sus posibilidades. Hay poemas más seguros desde el principio y otros que son más como maquetas titubeantes… exploraciones iniciales que empiezan a tomar forma sólo meses después.

¿Cuál es la historia que está detrás de Fanes? ¿Es un libro concebido de antemano como conjunto coherente o es una recopilación de poemas?

Fanes es mi primer libro y tardé 6 años en escribirlo (2003-2009). Es un libro objeto que se disgrega, que explora los movimientos disgregatorios de la palabra, la imagen y el deseo a medida que avanza en sus cantos. Se fue haciendo a sí mismo, poco a poco fue tomando forma. Yo fui parte de ello y forcejeé, pero no tuve todo el control del asunto. No es un libro concebido de antemano, es un proyecto que fui haciendo ladrillo a ladrillo, por medio de una meditación verbal cada vez menos sosegada, cada vez más violenta; “meditación” en relación al deseo, el cuerpo, la imaginación, la fragmentariedad y el azar. Desde el principio (2002-2003), hay algo que siempre tuve bastante claro, incluso cuando Fanes no se llamaba Fanes sino El mordido pecho del que mira: tenía claro que buscaba un libro ritual, letánico, que intentara crear una mitología del padecimiento, y que intentara hilvanar una paradójica “religiosidad” profana, profanadora. 
Realmente empecé a escribir poesía en serio en 1998, a los 17 años y, en ese sentido, este primer poemario, luce tardío… producto de un muy largo proceso. Pero lo cierto es que en él se manifiesta una continuidad de 11 años de exploraciones. De hecho, podría decirte sin duda que Fanes surgió de la destrucción de mis tres primeros intentos de libros: La fiebre de los ojos y otros dos con títulos impresentables que no te diré de ningún modo. Poemas destruidos como “Germen” o “Parque” sirvieron también para empujar esta idea.

¿Por qué lo titulaste Fanes?

Fanes es un nombre de la mitología que no suena ya a nada, que no recuerda nada, que se ha vaciado y queda como huella. En la portada del libro aparece como una marca que alude al deseo y que terminó siendo el título. El libro también podría llamarse Naipes, o Caída. Pero se terminó llamando Fanes y así parece un objeto esotérico falso, un objeto religioso ficticio.

¿Quiénes fueron tus referentes a la hora de escribirlo?

Mis referentes eran disímiles: Baudelaire, Huidobro, Octavio Paz, César Vallejo, T.S. Eliot, Nerval, Rimbaud, Artaud, Hanni Ossott, Juan Sánchez Peláez, Armando Rojas Guardia, Celan, Michaux, Kerényi. Poco a poco la pretensión de construir poemas desde la exploración contemporánea de alguna posibilidad de lo mítico fue convirtiéndose en la imposibilidad contemporánea del mito; en esa medida el libro se adentra, a medida que  avanza en el tiempo y en sus páginas, en la dispersión del canto, en la fragmentariedad y la combinatoria de la imagen y sus sonidos. El canto es cadáver vivo sobre el espacio de la hoja, cuerpo artificial y tentativa de mostrar la imposibilidad del mito, la ficción del mito y cualquier tentativa religiosa como salida de emergencia de la historia.

En tus textos se hace evidente un manejo de la imagen sin afán explicativo o denotativo. ¿Cuál es tu intención?

Primero está la pretensión de hacer una poesía que explore lo real en la tensión de la imagen, en la tensión de la paradoja y de lo posible. La imagen, en ese sentido no es nunca una explicación, sino más bien una “apertura”, una apuesta sobre las cosas, una gnosis profanada y tentativa. Luego, en un segundo momento está el abandono de toda posibilidad de construir una palabra auténtica, esencial o más verdadera. Las imágenes tensionan la existencia, abren puertas, pero no estoy nada seguro que se trate con ellas de develar o revelar el Ser ni nada por el estilo. Tampoco la imagen poética me parece algo absolutamente autónomo, ni tan sólo un juego o un artificio. Me parece que toda imagen poética se desangra en la contingencia de la historia y de la Historia. Mi precaria intención es pensar con imágenes y paradojas lo real, que es inaccesible de cualquier modo pero que puede atravesarse en la combinación de los desconciertos.

En tu libro, textos cortos se alternan con textos largos. ¿Siempre fueron de esas longitudes?, ¿tienes preferencia con respecto a la extensión de los poemas?

Últimamente los poemas largos y medianos me interesan más que nada en el mundo, pero no tengo preferencias definitivas. Tiendo, eso sí, a irme a los extremos. Necesito el poema muy corto y el poema muy largo para generar recorridos, para dejarle al lector esos contrastes. En el caso de Fanes, esa variedad de longitud creo que hay que entenderla en relación a la gran variedad de registros, de voces, por las cuáles uno se va deslizando, un poco hechizado por cierto tono letánico de falsa monotonía y falsa constancia. En Cercados Rotos, el próximo libro, esta variedad es radicalmente mayor.

En cuanto a las lecturas que haces cuando estás trabajando en un libro de poesía, ¿te restringes a un género en particular?

En general nunca me restrinjo. Leo fragmentariamente, discontinuamente (con fugacidad o detenimiento, depende) todo lo que me cae en las manos o en el disco duro. Y en eso hay un poco de azar, un poco de tanteo exploratorio y un poco de la contingencia de mis otros trabajos: la docencia y la investigación en la universidad. Mi interés en la mitología, en la literatura latinoamericana, en el teatro, en la música y el cine, en la sociología y la antropología de la palabra escritura, en ciencia y la tecnología contemporánea y en la teoría crítica, son motivaciones que nunca han estado divorciadas de mi poesía. Leo mucha poesía, pero también textos teóricos y ensayos.

En poemas publicados recientemente a través de medios electrónicos se nota que estás acudiendo a un cúmulo de referencias cotidianas que no están en Fanes, ¿qué estás explorando?, ¿hacia dónde estás escribiendo?

En efecto, el agrietamiento y la dispersión de mi escritura, desde 2007, está dando lugar a textos con referencias concretas, identificables, de distinta índole, y que remiten a otros espacios de lo cotidiano, de la historia, de los hábitos presentes, de nuestras perplejidades del aquí y ahora con nombre y apellido.

Esto se realiza de diversas formas en los poemas: por inserción, por montaje, por collage o recreación, por apropiación, mutación o traducción, por alteración, contaminación, y un cúmulo de técnicas que no he logrado definir, ya que son una posibilidad en apertura. Se trata un poco de hacer visible los entretelones de la producción poética, y de convertir esos entretelones y entresijos en la verdadera pulpa de la escritura, en la maquinaria de los versos.

Estoy trabajando con fuerza en ello desde 2010. Pero ya empecé a avisorar esa posibilidad en 2007. El último poema de Fanes, “XII”, de manera velada,  y algunos apuntes y versos escritos entre 2006 y 2009, son los textos que inician esa búsqueda nueva. La propuesta comenzó a tomar más clara forma en textos como “Guaire” y “Agradecidos de la nada”, escritos en 2010, entre Caracas y Madrid. Creo que mi dislocación entre las dos ciudades terminó de contribuir al proceso.

En esta dirección tengo ya dos libros de poesía en marcha, Cercados Rotos y Poemas inducidos, además de un blog de ensayos, apuntes, poemas, improvisaciones y grabaciones, Autopista Inmóvil. El blog está apenas en sus inicios, y los primeros textos tuvieron mucho que ver con los acontecimientos políticos de marzo-abril de 2013. Poemas inducidos es un proyecto secreto de poesía que tiene que ver con mi melomanía, con mi obsesión por la música y con una serie de técnicas de contaminación y alteración que estoy poniendo en práctica.

Cercados Rotos lleva más camino andado y debería salir a la calle a finales de 2014. Allí, a través de toda esta propuesta de montaje y mixtura obscena que ya te he descrito, busco quizás lanzar una mirada al presente babélico. El verso es aquí es una máquina de espeleología, una cámara combinatoria, una herramienta filosa de disección espacio-temporal; una grúa, un riel, un vehículo aéreo para hacer recorridos violentos a través del espacio y el tiempo. La idea es experimentar vías para pensar la historia presente, sin inmovilizarla, para pensar la historia en su inmanencia, en el aquí y en el ahora histórico y sus genealogías posibles; en el aquí y el ahora de Caracas, y de otras ciudades y lugares de Venezuela y el mundo. Es un intento, también, para pensar e imaginar la experiencia contemporánea y la práctica de la vida sin esencializarlas. En esa dirección, la metáfora del verso-cámara me parece decisiva y esclarecedora.

Está anécdota puede ayudar a entender el camino que transito ahora. En 2006, estuve 6 meses en un trabajo bastante intenso en ente del Estado; al mes, tenía que visitar dos ciudades distintas del interior. En esa época, entre los aeropuertos, los aviones, los autobuses, los hoteles, los taxis y una suerte de erupción simultánea de memorias de mi infancia y adolescencia, fue que empecé a maquinar Cercados Rotos. En cierta forma ese estado de movilidad sigue siendo el motor del libro.


José Delpino (Maracaibo, 1981) vive en Caracas desde 1997 y se dedica a la poesía y al ensayo. Entre sus intereses más acendrados están la poesía, el cine, la literatura, y la teoría crítica y cultural. Su primer libro, Fanes (2010), ganó el III Premio Nacional Universitario de Literatura (2009) y fue publicado por la editorial Equinoccio. Sus textos han aparecido en diversas revistas y blogs de Venezuela (Letralia, Las Malas Juntas, El Cautivo, Poesía, Arepa y El Salmón), España (Quimera y Alhucema) y Chile (Afinidades Electivas y Los Poetas del 5). Actualmente es investigador y profesor de literatura en la Universidad Simón Bolívar (Caracas) y trabaja en dos libros de poesía, que se titulan Cercados Rotos y Poemas inducidos. Con cierta frecuencia, publica ensayos, poemas y traducciones en su blog, Autopista Inmóvil.

lunes, 29 de abril de 2013

"Siento que la poesía siempre es voz y al ser voz es, al mismo tiempo, eco" - Entrevista a Camila Ríos Armas por Raquel Abend van Dalen


¿Qué cambió en ti como poeta entre Muralla intermedia y Ecos?

La concepción del libro como un cuerpo orgánico, con una estructura. Muralla intermedia, mi primer libro, lo veo como un poemario – en el sentido de recopilación de poemas. Por supuesto unidos por temáticas, pero que en su nacimiento no fueron concebidos bajo una estructura. Ecos es un libro diseñado. Esto es para mí la diferencia esencial. Claro, están otras, como la temática y el registro de voces.

¿Qué imágenes se desencadenan en tu imaginación cuando escuchas la palabra "eco"?

Cuevas, árboles y una serpentina blanca que se mueve de un lado a otro y no podemos tomar.

¿Recuerdas la primera vez que, de niña, descubriste este fenómeno acústico? ¿Lo que sentiste en ese momento, o en tal caso, lo que crees que pudiste haber sentido?

Mi recuerdo más viejo relacionado al eco es la lectura del cuento infantil El Rey Mocho. En ese cuento, al rey le falta una oreja pero nadie lo sabe y él decide contar su secreto en unos huecos hechos en la tierra de un bosque. En ese mismo bosque crecen cañas de azúcar y cuando la gente empieza a tocar las cañas de azúcar, lo que sale en forma de eco es su secreto.

Hay poemarios que requieren de una lectura en orden, ya que hay un hilo conductor, ¿dirías que esto pasa con Ecos? ¿hay una historia escrita?

Yo soy fiel creyente (y practicante) de la lectura desordenada de poesía. Ir leyendo en el orden que uno quiere. Sin embargo, sí creo que Ecos es un libro para ser leído de acuerdo a la estructura que fue escrito. Al menos leer cada parte (que yo llamé “eco”) en su totalidad. Pero siempre el lector puede leer como le provoque y darle su propio sentido. Ya eso se escapa de las manos de quien escribe. 

Siempre esperamos que el lector entienda lo que queremos decir, aunque generalmente interpreten por sí mismos algo de lo que no nos habíamos percatado. ¿Qué esperas que descubran en Ecos?

Que se descubran a ellos mismos en alguno de esos Ecos.

¿Sientes que el Eco es una imagen que te ve con curiosidad?, ¿que intenta acompañarte como un gato callado en tus escritos?

Siento que la poesía siempre es voz y al ser voz es, al mismo tiempo, eco, proyección, reverberación. Así que de alguna manera siempre hay eco alrededor, siempre hay algo que te recuerda a otra cosa, y esos entrelazados mentales, son, para mí, también ecos.

¿Crees que hay algo de la situación actual venezolana en tu poesía?

Quizás no explícitamente pero sí creo que lo hay. Creo que es imposible abstraerse de dónde se vive. Si tengo que escoger algo de la situación actual que creo hay en mi poesía, sería dolor. Dolor como motor de la escritura. También impotencia.
También hay silencio: a veces lo que sucede me abruma tanto (por no decir consume) que me anula el impulso de escribir. Pero esos momentos de silencio también los aprecio, porque se condensan muchas cosas en algún lugar de nuestra cabeza para luego salir como marea.


¿Dirías que todos los poemas tienen su propio eco? ¿eco porque tienen vida?

Todo poema tiene su propio eco porque cuando es leído – e interpretado por el lector – se convierte en otro poema: en el eco del poema inicial. Y así ad infinitum.

¿Has pensado en el Eco como lo que resuena en cada uno de los lectores después de escuchar o de leer poesía?

Mejor no puede haber sido dicho.

¿Cómo se produce el Eco en Camila?

A través de lo visual. Los sueños que recuerdo, una fotografía que me impacte, una película, incluso una escena en la calle. Un sentimiento de dolor, tristeza, molestia, angustia, decepción, felicidad. El eco se produce con todo aquello que reverbere en mí y que genere la necesidad de escribir. De ponerlo en papel. El eco también puede ser visto como aquello que uno conoce, - y escucha o siente – pero que no es posible asir. La poesía para mí es eco porque siempre, por más que lo intentemos, será inasible. 

martes, 19 de marzo de 2013

"Mi problema, mi poema, soy yo: ¿qué hago conmigo? Y eso ya es suficiente o demasiado" - Entrevista a Francisco Catalano por Raquel Abend van Dalen


¿Por qué la poesía y no otros géneros literarios?

Esta siempre es una pregunta engañosa de contestar. Creo que la respuesta más satisfactoria a esto es la misma obra del autor, por muy poco práctica que sea esta respuesta.

¿Cómo llegaste a decidirte por un título que fuera sólo una raya?, ¿cómo lo pronuncias?, ¿de qué está dando cuenta ese título? Porque la raya puede ser una letra, un símbolo, un palo, una tachadura, un cuerpo visto de lejos, una columna, etc.

Al final del libro escribo: I” no es ni número ni letra, tampoco una imagen, mucho menos una palabra. Aunque significante, es apenas un atisbo, un balbuceo, un casi algo, si acaso. Siempre me fascinaron aquellos poetas de “un solo libro”: Whitman, Baudelaire, Mallarmé, Roberto Juarroz, etc. He tomado para mí esa noción arquitectónica. l es el título a todo lo que hago en poesía: l es mi libro entero. Es cierto que en l hay un  homenaje implícito al título de Juarroz, sin embargo Poesía Vertical siempre me pareció un título incompleto: mi título debía ser silencio, debía sonar como silencio: casi no debía ser nada; porque el nombre del silencio no es “silencio” sino un hueco sonoro: algo innombrable. Algo más explícito, sería obligatoriamente una traición semántica. ¿Cómo llamarlo?: la edición publicada en Diciembre de 2010, contiene el Libro 0 y Libro 1; la intención es ir publicando Libro 2, Libro 3, etc. Para referirse a algún poema en particular, lo más práctico sería nombrar en qué libro se encuentra el poema, ej: “En el Libro 1 hay un poema que….”; “En el Libro 0 hay unos textos que….”, etc. Claro, en esta primera edición, por ser la edición de entrada, el título es l, pero de aquí en adelante los títulos serán el de los Libros, de manera que esto se hará más claro con el tiempo.

Dentro de tu libro hay diversas modalidades para el poema. Juegas con la tipografía, con la ubicación de las palabras en la página. Es una obra repleta de desplazamientos, ¿qué busca tu poesía con esto?

Adalber Salas, en el postprólogo que hace a la primera edición del libro, dice que en esta escritura hay una “potencia y una impotencia inconmensurables”. Esa apreciación suya es muy acertada. Creo que estos desplazamientos, como los llamas, son frutos de ésa tensión. En el Libro 1 hay como una especie de fragmentación y recomposición de la voz en el texto, que yo quise diferenciar de la forma menos espectacular posible con tipografía normal, cursiva y negrita, las tres marías de Word. Creo que la conjunción de esos tres registros era la forma más completa que concebí en el momento para configurar una voz con el grosor de la experiencia total dentro del Libro 1, que es como el destello, el boom, de la poesía enfrente y dentro de mis ojos post-adolescentes, ya que esos textos fueron hechos entre el 2004 y 2005, cuando yo tenía 18 y 19 años.

Hay altos niveles de abstracción en tu libro, ¿cómo relacionas la filosofía con la obra poética?

El pensamiento para mí es algo fundamental, dentro de la poesía y dentro de todo. Pero el pensamiento asumido como un movimiento de re-unificación del hombre con el mundo que lo rodea. Mis poemas no buscan la abstracción teorética de una certeza en el conocimiento, como podría ser la finalidad de cierta filosofía. La abstracción que he querido cosechar en mi primer libro ha querido ser la abstracción de la pintura abstracta, el minimalismo o el arte óptico, de Soto, Cruz-Diez, Gego, Pollock, Mondrian o Rothko. Quizá de allí también provenga ese ejercicio de los dibujos que publiqué en el Libro 1.

En tu libro hay una breve prosa que uno podría tomar por un manifiesto, ¿cuál es la efectividad de los manifiestos literarios hoy día?

Creo que la utilidad de ése texto es ser una partida de nacimiento, una cédula, un examen de sangre de lo que escribo. Siempre que me refiero a él, digo que es un texto “tipo manifiesto” porque no pretende dos cosas claves que todo manifiesto suele pretender: oponerse a una estética proponiendo una nueva y establecer un programa a ser cumplido. No me interesa quemar a nadie con lo que hago, ni pretender que es “la nueva forma” de la poesía. Mi problema, mi poema, soy yo: ¿qué hago conmigo? Y eso ya es suficiente o demasiado. Por esta misma razón, no pretendo auto establecerme un programa a cumplir. Yo no prometo nada, ni a mí ni a los demás. Prefiero quedarme con la sorpresa de la práctica e ir encontrándome las formas en el camino.

Tú te encargaste de la edición de tu libro, ¿cuáles son las ventajas y las desventajas que encuentras en la ediciones de autor?

Me parece que la mayor ventaja que uno tiene al editar su propio libro es la libertad creativa de confeccionar tu propia edición y poder ver cómo funciona el mercado editorial desde adentro. No estar amparado por una editorial, te guste o no, te hace sospechoso. Pero es como un vaso a la mitad: medio lleno para los que vemos una oportunidad en la autoedición de extender la personalización de nuestro proyecto, y medio vacío para quien quiera simplemente dedicarse a escribir y más nada. Como todo lo demás en literatura, es una decisión que debe venir del autor como una disposición personal.

La trayectoria de tu libro ha estado acompañada de unos eventos que llamas REVITALES, ¿cómo se vinculan estos performances a tu obra poética?

He llamado REVITAL a mi planteamiento personal sobre un recital de poesía. Siempre me ha encantado recitar. Sin embargo, muchas veces he sentido que algo falta en las presentaciones de poesía, siento que hay algo en el proceso de recitar poesía de una forma tradicional que no se corresponde con la experiencia de los textos y que muchas veces va en detrimento de los poetas y los poemas. He sentido que debe haber una mejor transmisión del mensaje poético en los recitales. Esa transmisión de la fiebre de la poesía, ese contagio especial dentro del aparato comunicacional que es el recital, para mí es el contagio de la vida que se entrecruza entre el poema, el que lo dice y quien lo escucha. El recital de poesía es una encrucijada donde se pone de manifiesto la vitalidad encerrada en la escritura, para ser revivida sobre la página en blanco de la puesta en escena de la vida. Un recital de poesía es una oportunidad de hacer acto la palabra del libro, y mediante ese acto vital, revitalizar a quien escucha el recital, a quien dice su palabra y, claro, revitalizar a la lectura misma. De allí su nombre, por eso mis recitales personales no son recitales, sino REVITALES. 

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

El proyecto principal es la escritura de mi tesis de grado de Letras, que será un libro ensayístico sobre la poética de Roberto Juarroz. Igualmente corrijo mi próximo libro de poemas y preparo el REVITAL 2013. Todo lo anunciaré por mi twitter: @catalanofran.

Francisco Catalano (Caracas, 1986). Lic. en Comunicación Social y tesista de la licenciatura en Letras, donde investiga la Poesía Vertical de Roberto Juarroz; ambas en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (UCAB). Ha publicado en Caracas de manera independiente el Libro 0 y Libro 1; la primera entrega de su obra poética que consta de un solo volumen de poesía, titulado: l (Caracas; 2010). Sus poemas se encuentran en las antologías: 4M3R1C4 2.0: Novísima Poesía Latinoamericana, que saldrá este año (Universidad de Nuevo León y Bonobos, Monterrey; 2013); Voces Nuevas 2005-2006 (CELARG; 2007); y La Imagen, el Verbo (UCAB; 2006). Además ha sido reseñado en distintos periódicos y revistas, digitales e impresos, como El Universal, Tal Cual, Las Malas Juntas y Círculo de Poesía. Ha participado y organizado distintos recitales en Caracas desde el año 2005 y fue parte de los talleres literarios del poeta Armando Rojas Guardia, el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) y la UCAB de Caracas. 

martes, 26 de febrero de 2013

La cocina del escritor - Entrevista a Héctor Torres por Raquel Abend van Dalen


Ya llevas una larga trayectoria como narrador, ¿cómo has vivido los saltos entre un libro y otro?, ¿sientes que hay cambios radicales en cuanto a tu estilo o más bien sientes que has mantenido un mismo registro?

Quizá no necesariamente radicales, pero sí se pueden ver los cambios. Son búsquedas en un camino que va ofreciendo hallazgos que uno va asimilando, y eso se nota en el trabajo. Quizá los más radicales vinieron de "El amor en tres platos" a la novela "La huella del bisonte", dada la distancia que había entre el momento en que se produjeron los primeros y la segunda. Pero, así como en la vida misma, aunque cada nuevo libro refleje indagaciones particulares relacionadas con la época en que se estuvo desarrollando, también es cierto que hay algo propio de uno, que existe desde que se tiene conciencia de sí; lo cual también se ve reflejado en la obra.

¿Qué ha determinado que escojas el género narrativo para la historia que quieres contar? ¿Cómo llega una historia a ser cuento y no crónica o novela? Y viceversa. 

Es complejo, porque el género es, de alguna manera, un asunto posterior al acto creador. Es decir, el género es, como decía Croce, una forma en que se debe abordar la lectura del texto, una orientación para el lector. Claro, hay una inevitable conciencia de ciertas fronteras a la hora de escribir, lo cual incidirá en el desarrollo de la historia, en su desenlace, en su manera de abordar. En todo caso, así como la estructura y el tono, el género será otra de las herramientas sobre cuyo uso decidirás a la hora de alcanzar la mayor expresividad y eficacia en el texto que estás abordando. En mi caso he abordado tanto la novela como el cuento, la columna y la crónica, y descubro que todos tienen muchas cosas en común: el deber de producir una máxima expresividad posible, siempre deben atrapar al lector desde las primeras líneas, se debe tratar de buscar un punto de vista lo más original posible para, a partir de él, contar esa historia... En ello la única diferencia posible es en lograr un buen resultado o no, y eso va a depender exclusivamente de la disciplina y la paciencia que estés dispuesto a tener para trabajar el texto.

Como narrador cómo es tu preparación, ¿te dedicas a leer sobre el tema que vas a escribir o más bien buscas lecturas alejadas que no estén relacionadas?

Usualmente aparece el núcleo del tema y luego viene un proceso largo de reflexión y anotaciones en torno al mismo. Ese proceso de pensar en torno al tema que se asomó, me lleva a la búsqueda de bibliografía relacionada, a tomar muchas notas y a hurgar en la búsqueda de esos elementos que permiten darle la mayor dimensión posible al texto. Para responder concretamente la pregunta, suelo leer no sólo temas relacionados, sino además durante el proceso de gestación de un proyecto, incluso siento predilección por el género, en mis lecturas cotidianas del momento. Claro, cuando el asunto es muy largo, una vez finalizado el proceso me gusta refugiarme en otros temas para apagar en mi mente la producción de ideas en torno al tema. A veces se siguen produciendo ideas en torno a un tema una vez cerrado y entregado el material, y es necesario ahogarlas en otras curiosidades para que no se hagan infinitas.  

¿Hay escritores o temas que evades cuando estás escribiendo un libro?

NO, todo lo que sea necesario abordar para el mejor desarrollo del tema, se aborda. Es el deber ante la obra.

¿Como escritor te alimentas de otras artes?, ¿cómo te vinculas creativamente al cine, a la música y a las artes visuales?

Mucho. En "Caracas muerde" se nota mucho la influencia del cine y la música en mis textos. De hecho, cine y música, sobre todo, son parte fundamental de mi cultura y de mis indagaciones en torno a los temas que me planteo. Es común que amplíe el alcance del tema acudiendo a esas canciones a esas escenas de películas que rozan el tema. He descubierto que a partir de allí se logra dar un alcance más universal a un planteamiento personal. Cualquier cosa que se escriba, por local que sea, cuando se conecta con canciones y películas del repertorio contemporáneo, adquiere una dimensión más universal, al demostrar que esos dolores, que esas angustias, esas alegrías o esos candores lo han vivido miles de hombres y mujeres antes que esos personajes, y lo seguirán viviendo. Además, la música tiene una enorme capacidad de sintetizar cosas que la literatura necesita de mayor espacio para abordar.   

¿Cómo es tu rutina a la hora de escribir un libro? ¿Cuáles son tus horarios, manías y obsesiones?

Usualmente un texto es el resultado de muchas notas. Las situaciones, los personajes, deben estar bastante masticados antes de comenzar a escribir sobre ellos. Contra el consejo de muchos maestros, suelo escribir de noche. Quizá es por mi condición de noctámbulo, que encuentro en los silencios de la noche, en su oscuridad, la atmósfera adecuada para poner orden en mis ideas. Apenas, eso. Y cierto tipo de música que me permite aislarme de los eventuales sobresaltos venidos de la calle. Y detenerme de vez en cuando a observar por la ventana lo apacible de la calle, cuando no termina de expresar una idea con la claridad adecuada.

¿Te pones fechas tope?

La pongo pero casi nunca la cumplo. Pero es bueno ponerse fechas, para saber cuánto se ha atrasado uno en lo que se propuso. Si no, se hace interminable el proyecto y se corre el riesgo de desdibujarse. Hay un momento del texto literario que es peligrosísimo: ese momento en que está aún en proceso de gestación y, si no lo abordamos a tiempo, comienza a producirnos dudas que, si se van acumulando, nos hacen concluir que el proyeto es inviable, que es poco interesante o, incluso, que es ridículo.

¿Elaboras cuidadosamente la trama de una novela o de un cuento antes de comenzar a escribirla, o se va armando sobre la marcha?

No armo cuidadosamente, como lo hacen ciertos autores, pero sí tengo que creer en la existencia de los personajes, sobre todo. Y de un núcleo de acción. Lo demás, si los personajes están sólidamente creados, viene dado por sus mismas acciones. Es decir, si puedo ver al personaje, lo puedo oír. Y si lo puedo oír, puedo confiar en las cosas que me dicta. 

¿Cómo afecta el tema de la violencia a tu escritura?

Mucho. La violencia es un tema fundamental para el caraqueño y para el venezolano en general. Está ahí. Es una preocupación permanente cuyas vertientes infinitas terminan por obsesionarnos. De la violencia se exacerban y se potencian todos los temas relacionados con el hombre: el amor, la lealtad, la miseria humana, la valentía, la belleza. En tanto el mundo se vuelve más árido, todas las expresiones que hacen al hombre humano se acentúan más. Y la vida se vuelve más grave y más asombrosa. Y todo lo que damos por descontado en condiciones normales (como llegar a casa todas las noches, a abrazar a tus seres amados), nos parecen hechos asombrosos. "Caracas muerde", de hecho, es un largo ejercicio de reflexión y asombro ante el hecho de seguir vivos y de descubrir que somos hijos de una misma raíz, y que esos seres tan alejados de nosotros son como hermanitos enfermos y descarriados. En fin, la violencia nos hace aferrarnos a valores que nos resultan fundamentales para que la vida merezca tal nombre: la belleza, la lealtad, el amor...

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Tengo un par de proyectos en torno a un tema y una novela largamente postergada. Creo que primero saldrá uno de los conjuntos de textos que me está llamando con mucha fuerza, y me hace pensar con frecuencia en ello, y me pone a buscar literatura sobre el tema y me hace tomar nota. Así como cuando uno se enamora, que siempre tiene tiempo para ello. Pero prefieron no hablar del tema en concreto por un asunto, si se quiere, de cábala. 

Héctor Torres (Caracas, 1968). Narrador y promotor literario. Autor de los libros de cuentos El amor en tres platos (2007) y El regalo de Pandora (2011), de la novela La huella del bisonte (2008) -finalista de la Bienal Adriano González León 2006-, y del libro de crónicas Caracas muerde (PuntoCero, 2012). Fundador y ex-editor del portal www.ficcionbreve.org. Participó en el Taller de Narrativa del Celarg (2000-2001), a cargo de Ángel Gustavo Infante. Coordinó, junto a la novelista Ana Teresa Torres, la Semana de la Nueva Narrativa Urbana (2005-2010) y es el actual coordinador (desde 2006) del Premio de Cuento Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores. También fue el creador del Premio de la Crítica a la Novela del Año, organizado por Ficción Breve Venezolana.

Fotografía por Lisbeth Salas.