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lunes, 10 de noviembre de 2014

"Solo una visión infantil de la existencia ignora el deterioro" – Entrevista a Miguel Gomes por Raquel Abend van Dalen



RA-En tus libros hay un manejo muy fino del desarrollo psíquico de los personajes, casi buscando desestabilizar al lector. ¿Cómo vives ese proceso de escritura?

MG-Cuando me siento a escribir narrativa no tengo aún las historias claras, pero sí he imaginado a los personajes centrales, individuos con maneras particulares de pensar o sentir. Casi tengo la impresión de conocerlos o haberlos tratado de cerca durante cierto tiempo. En mi cabeza los someto a experimentos: ¿cómo reaccionarían si se encontrasen con otra persona que los desprecia o los quiere o los ignora? ¿Qué dirían si…? ¿Qué pensarían si…? En ese proceso acaban de formarse los argumentos.

RA-¿Qué es lo que más te interesa de las relaciones humanas? ¿En cuál de tus libros sientes que mejor las has retratado?

MG-Los momentos decisivos de nuestra existencia en el fondo los vivimos en soledad: nacer, morir, enamorarse o desamorarse, tener la conciencia de ser padre o hijo… porque la soledad es lo que va construyéndonos desde dentro, ¿no?, la comprensión de que el “yo” se desgaja de la madre, la familia, la nación o cualquier otro grupo. Luego viene la fuerza contraria (es casi como una ley física): la necesidad de acercarse, de reencontrarse con lo que ya sabemos que no somos. Te diría que esas son las tensiones que me atraen. Ojalá que algún día pueda retratarlas bien; hasta ahora no estoy satisfecho.

RA-¿Cómo se conjugan en ti la cultura portuguesa, venezolana y estadounidense a la hora de escribir?

MG-Noto que mis personajes están siempre viviendo en umbrales de lenguas o culturas. Supongo que pueden acceder espontáneamente a tres tipos de experiencias sociales ―la europea, la latinoamericana, la angloamericana― sin que haya tenido que esforzarme en investigarlas para escribir sobre ellas. Componen un horizonte mental que no tengo que construir a voluntad: mi familia portuguesa o mi matrimonio con una catalana, mi adolescencia venezolana, mis veinticinco años de vida en el noreste de los EE.UU., ser padre incluso de tres estadounidenses, son hechos que “están allí”, sencillamente. Son mi realidad: ni mejor ni peor que otras.

RA-Lo erótico tiene un lugar importante en tu escritura, me parece que más como herramienta literaria que como un fin en sí mismo. ¿Qué piensas al respecto?

MG-El Eros es una experiencia básica de todo ser humano; ¿cómo saltársela si uno quiere ser escritor? Ni Borges, por más que se esforzó, logró evitarla: tuvo que escribir “La secta del Fénix” o “Emma Zunz”. El Eros y el arte me parecen indisociables; los impulsos en uno y otro me dan la impresión de confundirse con facilidad. Cortázar hablaba de su oficio con metáforas boxísticas y aseguraba que el cuento gana por knockout y la novela por puntos. Yo, con toda la admiración que me merece, prefería metáforas eróticas: para no ir muy lejos, se retiene en la memoria un buen cuento por la intensidad de su clímax. No me explico cómo a Cortázar se le ocurrió comparar géneros que quería tanto, el cuento y la novela, a dos tipos feos, acaso malolientes, que, principalmente por dinero, se dan trompadas.

RA-El deterioro de las cosas, de lugares, especialmente de relaciones, está muy presente en tu escritura. ¿Qué te inquieta o te atrae de estos temas?

MG-Solo una visión infantil de la existencia ignora el deterioro; madurar psicológicamente depende, ni más ni menos, de aceptar que nada es eterno. La asimilación del declive físico y de la cita que todos tenemos con la muerte algún día resulta tanto o más importante... Tu pregunta tiene muchas caras y podría también responderse políticamente: ¿qué escritor o qué persona realista, o siquiera moderadamente interesada en la realidad, luego de haber vivido en Venezuela durante los años setenta y principios de los ochenta, y continuar al tanto de lo que ocurre en el país en las siguientes décadas, puede soslayar los procesos de decadencia, vertiginosos, de una sociedad?

RA-¿Qué te interesa del cuento como género literario?

MG-Cuando un cuento funciona bien me da la impresión de gobernarse solo: la pureza de su forma delata poca intromisión de la conciencia o los proyectos personales (ideológicos) del autor. Además, produce en el lector un efecto equivalente: tal como nos sucede con un poema breve o una obra plástica, el cuento logrado admite la impresión espontánea de conjunto no fragmentable. Con la novela, ahora que lo pienso, nunca he tenido esa sensación: el lector de narraciones extensas tiene tiempo de racionalizar lo que recibe, tiempo para “dominarlo” y someterlo a sus propios lineamientos vitales. Hasta en las novelas más efectivas siempre preferimos unas partes a otras; mentalmente las reeditamos y ciertos segmentos acaban pareciéndonos secundarios, conectores, ripios. El cuento se propone recrear un momento de comprensión súbita de verdades no previstas, lo que, en efecto, por su brevedad, puede conseguir: asalta, vulnera al lector, le anuncia que hay porciones de vida que no controla.

RA-¿Te has visto afectado emocionalmente por tus propios textos? ¿Cómo manejas la distancia entre tú y tu obra?

MG-La serie de cuentos y noveletas que constituye el libro El hijo y la zorra y la serie de Julieta en su castillo me causaron varias veces malestar. Tendían a ser sombríos. En ambos casos, sin que me lo propusiera, el inconsciente me mandó al cabo un cuento en tono de farsa que de alguna manera restauraba el equilibrio. Esas narraciones “cómicas” son precisamente la conclusión de cada uno de los volúmenes que menciono. Los griegos antiguos luego de tres tragedias solían representar un drama satírico: mi inconsciente se porta más o menos así. Después de una sesión de desesperación hay que reír.

RA-En alguna oportunidad dijiste que no se aprendía a hacer literatura viviendo sino leyendo. ¿Puedes contarme un poco más sobre esto?

MG-Todas las personas tienen experiencia de algún tipo, pero solo frecuentando el arte se aprende a traducir dicha experiencia en discurso creador, sea plástico, musical o verbal. Los buenos poemas de amor los escriben quienes se han enamorado de la poesía, hayan o no tenido amores carnales. A ciertas monjas, por ejemplo, debemos magníficos poemas eróticos, y no es justo ser malpensados: creo que conocían bien el oficio de la escritura, los códigos de la lírica. De igual manera un buen novelista, sin dejar de ser ciudadano modelo, puede recrear la mente de un criminal o un psicópata: piénsese en Nabokov o Joyce Carol Oates.

RA-¿Crees que para los escritores de narrativa es importante leer poesía?

MG-Casi cualquier persona puede contar una anécdota, pero la conversión de una simple anécdota en acontecimiento estético solo se produce cuando el lenguaje ha logrado apartarse de sus funciones utilitarias directas. Eso es lo que llamamos poesía. La lectura frecuente de poemas ayuda a un narrador a no ceder a las tentaciones del chisme, el testimonio o el reportaje periodístico, que son formas de relatar también, aunque no literarias. Por cuestiones higiénicas, y por placer, cuando escribo narrativa lo único que leo son poemas.

RA-Si todo escritor narra desde el infierno, el purgatorio o el paraíso: ¿desde dónde narra Miguel Gomes?

MG-Me da la sensación de que mis historias se narran a sí mismas, en principio, y yo consigo intervenir solamente al final, retocándolas, corrigiéndolas aquí y allá. Así que ellas eligen su punto de partida, su perspectiva, su bagaje. Vienen de esas tres provincias que mencionas y me limito a tramitarles un visado en la realidad, por decirlo de alguna manera. Los escritores monocordes, los que se proponen cultivar un solo registro, me cansan terriblemente. Y los hay siempre trágicos o siempre chacoteros: son los peores.

RA-¿Detestas la incontinencia literaria?

MG-A ciertos escritores habría que recetarles Ditropan literario, si existiera.

RA-¿Dónde está la frontera entre el ensayo literario y la crítica literaria?

MG-La crítica literaria es una disciplina humanística, no un género, y menos un género literario. Si lo piensas, la crítica puede hacerse incluso oralmente: cuando discutimos en una clase un texto literario estamos practicándola. El ensayo, en cambio, es un tipo de escritura, y es siempre literario, incluso cuando se ocupa de temas como la comida (Alfonso Reyes) o la política (Sarmiento); la crítica de literatura puede incluirse entre los temas de un ensayo. Pero la crítica en un ensayo, no obstante, no ha de confundirse con la crítica que se desarrolla en otros géneros no literarios como la tesis, el tratado, el manual, la ponencia, etc. El ensayo, lo dice la palabra misma, exige libertad respecto de métodos, normas gremiales o exhaustividad científica. Octavio Paz, por ejemplo, hizo crítica literaria en el género del ensayo: sus textos de reflexión acerca de otros textos son obras de arte en sí mismas; lo anterior no debería decirse de alguien como Ángel Rama, por más estimables o memorables que sean algunas de sus ideas: su prosa a mí me resulta torpe; a veces da vergüenza ajena. Mejor olvidarla y retener sus tesis; cuando ello acontece hemos salido del terreno literario.

RA-¿Cómo se vincula tu oficio de narrador con tu prosa ensayística?

MG-Hoy en día rara vez escribo ensayos. La profesión universitaria me ha ido exigiendo concentrarme en otros géneros no literarios ―el estudio largo, en forma de volumen, o el breve, en forma de artículo de investigación publicado en revistas especializadas―. Es cierto que de vez en cuando he publicado ensayos propiamente dichos, es decir, textos más libres, más lúdicos, pero a estas alturas no los considero característicos. Creo que las horas libres que dedico a la creación las he invertido durante los últimos veinte años casi exclusivamente en la narrativa. Y la división que noto entre mi trabajo de investigador y mi narrativa es tajante. Ni los pájaros saben de ornitología ni los ornitólogos consiguen volar sin avión. Así que para mí es como una cuestión de ética profesional jamás presentarme en el aula o los congresos universitarios como escritor; y viceversa: a la hora de escribir narrativa me olvido totalmente de esa otra persona que se gana el pan en la universidad. No es tan difícil la división: me imagino que Wallace Stevens o T. S. Eliot no se ponían líricos con sus clientes o en las reuniones de trabajo.

RA-¿En qué estás trabajando ahora?

MG-Me parece que en junio concluí el primer borrador de un libro de relatos. Pero no sabré si merece la pena corregirlo hasta que lo relea. Eso será dentro de un año, cuando me sienta más distanciado.



Miguel Gomes nació en 1964. Entre otros, ha publicado los siguientes libros de narrativa: Visión memorable (1987), De fantasmas y destierros (2003), Un fantasma portugués (2004), Viviana y otras historias del cuerpo (2006), Viudos, sirenas y libertinos (2008), El hijo y la zorra (2010) y Julieta en su castillo (2012). Ha recibido el Premio Municipal de Literatura de Caracas por Un fantasma portugués y, en dos ocasiones, el primer lugar en el Concurso Anual de Cuentos del diario El Nacional. Como crítico ha dedicado volúmenes y artículos al ensayo hispanoamericano así como a diversos poetas y narradores. Estudió en la Universidad de Coímbra (Portugal), en la Universidad Central de Venezuela y se doctoró en la Universidad de Stony Brook (Nueva York). Desde 1989 vive en los Estados Unidos, donde trabaja como profesor en la Universidad de Connecticut.

martes, 4 de noviembre de 2014

"Las historias están en todas partes" – Entrevista a Fedosy Santaella por Raquel Abend van Dalen

Naciste en Puerto Cabello. ¿Cómo influye la imagen del mar en tu escritura?

El mar se te mete en el alma y te abre inmensidades, inquietudes. Ver el horizonte te hace pensar que siempre hay algo más allá, algo que está al otro lado. El mar es una puerta abierta a la creación de historias. De la misma manera lo son los castillos de Puerto Cabello y la zona colonial. Ver esos sitios, saber que allí alguna vez habitó gente de otro tiempo y que vivieron historias posiblemente interesantes, te crea también la inquietud de narrar.

Dime: cómic y literatura

El cómic no es literatura, pero es una máquina de contar historias fascinantes. El cómic te ayuda a pensar por escenas y también te abre la imaginación hacia otras posibilidades temáticas. Me gusta mucho el cómic que juega con temas fantásticos. El realismo sucio de los cómics también me fascina. Las historias están en todas partes. En lo que ves en la televisión, en el cine, en las historias que escuchas por la calle y, por supuesto, también en los cómics. Los cómics son fuente de inspiración. Debo decir que desde hace rato no leo cómics. Leí mucho en 2009, en Iowa, pues la ciudad tenía una maravillosa librería de cómics.

¿Qué extrañas de la vida en Iowa?

El recurso del tiempo y la tranquilidad, el poder caminar, la tienda de cómics, las librerías, la comida india, algunas amistades.

¿Quiénes son los hermanos Chang? ¿Qué comen?

Los hermanos Chang son un par de chinitos muertos. Comían diversión, frescura, crítica, humor, alternativa. El desinterés del mundo los mató. Espero que hayan dejado algo en los lectores y en los narradores jóvenes.

¿Qué te atrae de los mecanismos internos de la ciencia ficción? ¿Has tomado algo de ellos conscientemente a la hora de escribir?

No soy un gran lector de ciencia ficción. Me gusta, sí, el cine de ciencia ficción. Ahora, de la ciencia ficción en general me atrae ese poder de contar y criticar el presente con imágenes del futuro. Te permite decir mucho de una manera original, distinta… A ver, me explico un poco más: el realismo literario no me va bien. No tengo nada contra quien lo escribe ni contra el estilo, pero en mi caso, no me sale, siempre termino echando a perder mis historias con un “toque” de algo imaginativo, algo exagerado o fantástico que se alza por encima del realismo a secas. Es una tara en mí, nada puedo hacer al respecto.

Le dedicas parte importante de tu tiempo al manejo de las redes sociales. Escribes constantemente en twitter y en facebook. ¿Por qué? ¿Crees que hay una relación entre las redes sociales y el poder?

Ha quedado demostrado que al poder le molesta la comunicación crítica de los ciudadanos. Ahora, no creo que las redes sociales sean una panacea. Hay mucha tontería en las redes sociales: y déjame decir que la superficialidad no me parece el peor de los males. Que haya gente que habla de dietas y salidas a la playa, pues perfecto, eso está muy bien. En cambio, aquellos que usan las redes sociales para lanzar opiniones como si fueran los dueños de la verdad, de la episteme, pues esos sí que me preocupan. También hay mucha furia indiscriminada, quiero decir, mucha furia que se está volviendo contra todos, abarcándolo todo. Yo uso las redes sociales para transmitir ideas, para divertirme, para opinar sobre las mediocridades y los abusos del poder, como herramienta de mercadeo o herramienta egocéntrica, etc. No existe una sola razón para usar las redes sociales, así como no existe una sola razón para hablar o para callar.

¿Qué me dices de las listas?

Las listas están ahí, esperando a ser llenadas. Hay listas inocuas, listas fatales, listas maravillosas… Y hay buenos lectores de listas y malos lectores de listas, aquellos que quieren leer lo que más les conviene en las listas. El lenguaje es una cosa compleja, oscura. En muchas ocasiones queremos decir una cosa y decimos otra, o nos leen algo totalmente distinto a lo que quisimos decir. ¡Oh salve dios Derrida!
Las listas son cajas, y dependen de su contenido y de su contexto. No es lo mismo una lista de los libros que te gustan puesta en Facebook, que una lista de admitidos a un postgrado de una universidad. Jorge Luis Borges hizo una lista maravillosa en «El idioma analítico de John Wilkins». Esa lista inspiró Las palabras y las cosas de Foucault. Por supuesto, la mayoría de las listas no son más que una visión de la realidad. ¿Quién pretende una lista como un todo? Es absurdo.



¿Qué temas te obsesionan que no se muestren evidentemente en tus libros?

Todo va saliendo, más o menos camuflado.

¿Cómo te relacionas con la poesía?

Leo poesía para destrancarme en la narrativa. Cuando mis recursos andan mal, voy a la poesía para traerlos de vuelta. A veces la poesía es un abismo, a veces la serenidad. No me atormento con la poesía ni me ahogo en vasos de agua. Hay ciertos radicalismos de la poesía que me desagradan, eso quiero decir. También he escrito poesía, y en cada momento ha sido diferente. Escribo poesía, en general, para buscar una escritura más cercana a las imágenes superiores, para ser más compacto y para ser me menos cursi. Lo juro que lo intento, no sé si lo logro.

¿Cómo vives la labor del narrador en Venezuela? ¿Sientes la necesidad de incorporar la situación actual en tus textos o, por lo contrario, de evadirlos?

Siempre está el país. En todos mis textos eso queda claro.

¿Piensas que ha existido un mejor lugar o momento histórico en el que hubieras preferido desempeñarte como escritor?

En otro momento histórico preferiría no ser escritor, y no ser yo. Me gustaría vivir en los tiempos de Sherlock Holmes, por ejemplo, y ser Watson, con bastón e inclusive herida de guerra . Me hubiese gustado también ser amigo del duque de Rocanegras.

¿A qué autor (a) venezolano (a) desconocido recomendarías?

No te voy a decir que es un autor venezolano desconocido, porque no lo es. Pero recomiendo leer a José Urriola. También recomiendo volver a Los jardines de Salomón de Liliana Lara. Ese libro debería ser reeditado. Y creo que el poeta Eleazar León debería ser leído más a fondo.

¿Crees que el mundo literario venezolano es cerrado?

El mundo literario venezolano es muchos mundos. O quizás no es ninguno, sino una gran parcela dividida, no sé. Acá hay gente que ha tenido suerte y publica con editoriales grandes, gente que gana premios, gente que es muy nombrada, gente que se publica a sí misma, gente que forma grupos y asociaciones para alabarse entre ellos, gente que envidia a otra gente, gente con la sensibilidad a flor de piel, gente que dice que los de Caracas son una mafia, gente que dice que en Caracas no hay ninguna mafia, gente que prefiere mantenerse desconocida, gente que dice que prefiere mantenerse desconocida o al margen porque no le ha ido bien ni con el público ni con la «academia», gente que lee, investiga y lee en la academia, gente que critica por criticar sin saber nada de nada, gente que no critica y que felizmente dicen que no saben nada de nada, gente que desprecia a los escritores venezolanos, gente que cree que nunca nos daremos a conocer fuera del país, gente que dice que no importa que no nos demos a conocer fuera del país, gente inocente a todo lo que pasa… Después de todo esto y más, ¿podemos decir que somos cerrados? No sé. Cerrado quizás no sea la palabra. Creo que a veces no somos tan cosmopolitas como creemos. Que tenemos mucho de campesinismo cosmopolita, quizás. En verdad que no sé.

¿Qué es lo que más te atrae de tus propios personajes?

Su miedo a no ser libres.

¿Qué opinas sobre los escritores venezolanos que viven en el exterior? ¿Piensas que esto permitirá que la literatura venezolana sea mejor conocida en el extranjero?

Opino que vivir fuera del país y escribir fuera del país no tiene nada de malo, y que se ha vuelto tan normal como la escasez en los mercados. Espero, que si algunos de ellos, o todos ellos, ven la oportunidad de dar a conocer a otros escritores venezolanos en el sitio donde ahora viven, pues que lo hagan. Se les agradecería.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?


En otra novela, y en la revisión de un poemario.


Fedosy Santaella (1970). Autor de libros de relatos y de las novelas Rocanegras, Las peripecias inéditas de Teofilus Jones, En sueños matarás y Los escafandristas. En 2010 quedó entre los diez finalistas del Premio Cosecha Eñe de España. En 2013 ganó el concurso de cuentos de El Nacional con su cuento «Taxidermia» y resultó uno de los nueve finalistas del premio Herralde de novela.

sábado, 18 de octubre de 2014

"La distancia con la lengua materna allega dones al poeta" – Entrevista a Tomás Cohen por Raquel Abend van Dalen



RA: ¿Cómo te relacionas con la poesía, el cómic y las artes visuales? ¿Qué vino primero: lo literario o lo plástico?
TC: De muy chico, le pedía a mi madre que dibujara para mí. Luego, yo miraba maravillado esas apariciones que ella dejaba en el papel, y mi maravilla se traducía en un deseo de repetirlas, ésta vez con mi propia mano, a un lado o en otra hoja… tal como, por entonces, aprendía caligrafía en cuadernos al borde del pentagrama. Creo que el cómic fue un desarrollo natural de esa coexistencia del dibujo y de la escritura en mis pequeñas manos. Me gustaría decir, de esta manera, que lo que vino primero fue una mezcla— algo común en cualquier infancia sana. El haber aprendido Castellano a través de las letras y ‘monos’ del hermoso Silabario Hispano Americano de A. Dufflocq Galdames no es baladí.
Durante mis años de colegio, dirigí Arte Secuencial, una revista de comics con ediciones para educación primaria y secundaria, y luego The Georgian (2002), el anuario de mi generación— escribí y dibujé para ambos. A los 18 años de edad, ser becario de la Fundación Pablo Neruda me decidió a cambiar mi licenciatura en Letras -entonces en su primer año- por una de Arte, convencido de que mi poesía debía buscar sus formas “de güata”, como decimos en Chile (¿lo dicen ustedes también?). Tras ser estudiante de intercambio en NYU, hice una práctica en Christie’s, escribiendo artículos para los catálogos, sobre las obras a subastar. También he trabajado ilustrando libros… En fin, mi poliedro artístico-literario tiene hartas caras (¡y eso que no hemos mencionado la música!). En su núcleo, pienso que el flujo constante de imágenes de mi poesía debe tener que ver con mi entrenamiento en artes visuales.
RA: ¿Te consideras parte de una tradición de poetas chilenos?
T.C. No. Pero podría dar algunos nombres-guía. Del pasado profundo, me interesa Gabriela Mistral como poeta esotérica, y el Neruda denso, antes de que se post-produjera a sí mismo. También, David Rosenmann-Taub: las versiones originales de sus libros son tremendas, con poemas –esto lo ha dicho primero Armando Uribe- en las cúspides de la literatura en nuestro idioma. Por lo mismo, apena que sus reediciones, pesadamente reescritas, a veces perviertan sus propios logros. Saltando décadas hacia el presente, me llaman la atención los libros de Diego Maquieira. Y, de los más contemporáneos, Leonardo Sanhueza, que es también uno de los mejores prosistas chilenos de hoy. Pienso por un momento que si tuviera que “afiliarme”  a alguna tradición de la poesía chilena, ésta sería la de la Poesía... pero luego recuerdo un apunte de los Cuadernos de Valéry: “nada más despreciable que un poeta reducido a ser poeta”. Y decido limitarme la limitación, es decir, lo discursivo, con un verso de los Four Quartets: “For us, there is only the trying. The rest is not our business.”a chilena.esoesafiliarme ci de Chile.ables. Ahora es sho lo que me
RA: Cuéntame de tu experiencia en la Ashbery Home School.
T.C. Estar cara a cara con el poeta vivo más importante de la lengua inglesa, oírlo recitar poemas de un libro aún inédito y presenciar su agudeza y humor intactos a los 87 años de edad, fue un grandísimo privilegio. Personalmente, me hizo muy feliz conversar de nuevo con él en Hudson, habiendo traducido The Double Dream of Spring y habiéndolo entrevistado en NYC el 2007. Durante otra lectura, oír al rapsoda restaurado en toda su potencia durante el Hymn to Life de Timothy Donnelly fue una conmoción que muchos compartimos. También, tomé parte de un taller de creación con Adam Fitzgerald, quien, como sabrás, es uno de los poetas jóvenes más sobresalientes de los EE.UU.. Y nos conocimos con el poeta chileno Enrique Winter, ahora un amigo. En fin, la AHS fue una ocasión feliz.
RA: Viviste dos años en Nepal. ¿Por qué? ¿Qué hacías ahí?
T.C. Fui principalmente a aprender Tibetano, para lo cual tomé parte de un entrenamiento intensivo de traducción en la International Buddhist Academy de Katmandú. Esto implicó vivir en un monasterio budista tibetano –de tradición Sakya- durante casi dos años. Mirando desde Hamburgo esa otra vida, valoro sobretodo las desilusiones vitales y el contacto con poca y rara gente cuya bondad resplandecía. 
RA: Actualmente vives en Alemania y estás por empezar una tesis sobre Gramática Clásica Tibetana. Cuéntame de este proyecto.
T.C. Este semestre, efectivamente, empiezo una edición crítica del སྨྲ་སྒོ་ o Má-go, un tratado de gramática -del s.IX, si no anterior- que goza de autoridad y polémica. Emprendo este trabajo como una manera de instalar mi Tibetano Clásico lo más firme que pueda, con el deseo de –luego- traducir poesía tántrica al Castellano.  Por el momento, trato de aprovechar al máximo la fortuna de aprender bajo la tutela de Dorji Wangchuk y Harunaga Isaacson, luminarias del estudio del Tibetano y Sánscrito, respectivamente, a nivel mundial.
RA: Para algunas personas sería insoportable tener que dejar el país en el que nacieron para ir a vivir a otro, pero en tu caso pareciera ser algo necesario. ¿Es así?
T.C. Sí. Desde Santiago de Chile -y qué decir del Pelluhue de mi niñez- habría sido imposible aprender Tibetano y cultura tántrica desde una fuente viva. Un aprendizaje como éste -más bien técnico- justificaría, al menos en superficie, la peripecia geográfica, kilometrable… Aunque, en el fondo, dejar el terruño valdrá la pena sólo si conmociona nuestra mente, si nos saca de nuestros modos default. Sin ese movimiento mental, en última instancia no nos habremos movido.
Creo, por otro lado, que esta pena del distanciarse puede hacerle mucho bien a un autor. En Boudhanath, mientras terminaba de escribir mi primer libro, leía la correspondencia entre Neruda y Héctor Eandi. El aislamiento emocional del chileno durante ese tiempo en el sureste asiático, su idioma extrañado y el idioma extraño que le rodeaba, sus lecturas más abundantes en Inglés modernista— no me cabe duda de que todo esto contribuyó a revolucionar su lenguaje al punto de concebir los poemas de Residencia en la Tierra I y II. Esto sugiere un hecho más general: que la distancia con la lengua materna allega dones al poeta.
RA: Aparte de tu tesis, ¿en qué otros proyectos estás trabajando ahora?
T.C. El primer libro de poemas que publicaré ya está listo, y en manos de editores. Hace poco más de un mes, leí en Brooklyn y en Santiago un adelanto de él. Con otros escritores instalados en Hamburgo, hemos formado un Autorenkollectif  y organizado lecturas aquí y en Berlín. Preparo también traducciones para una antología poética de Timothy Donnelly y nuevos trabajos de ilustración. Y, como riachuelos corriendo entre todo esto, los poemas que escribo y reúno para mi segundo libro me sorprenden y alegran.


Tomás Cohen: estudió Musicología, Dibujo y Grabado en la P.U.Católica, Historia del Arte en New York University y Tibetano en la International Buddhist Academy de Katmandú, Nepal. Actualmente sigue estudiando Tibetano y aprende Sánscrito en Universität Hamburg, Alemania. 
Tomás formó parte de la Academia literaria del Saint George´s College y fue becario de la Fundación Pablo Neruda el 2003. Desde entonces, ha publicado cómics, poemas, ilustraciones y traducciones, y expuesto pinturas. El 2011 dirigió en Santiago, Chile, el ciclo de lecturas "La Fertilidad de Algunos Muertos", que homenajeó a Paul Celan, A.Ginsberg, W.Blake y otros. Recientemente co-fundó 'Found in Translation', un colectivo de autores instalados en Hamburgo. Este año ha leído su poesía en Hamburgo, Berlín, Hudson y Nueva York, donde formó parte de la primera Ashbery Home School en agosto pasado. En septiembre leyó un adelanto de su primer libro en "La Chascona", la casa santiaguina de Neruda.
Imagen 1: Autorretrato por Tomás Cohen.
Fotografía: Monika Sala.
Imagen 2: "El jardín de las Hespérides" por Tomás Cohen.
web: www.tomascohen.com

lunes, 29 de septiembre de 2014

"Escribir es precisamente enfrentarse al misterio" – Entrevista a Paola Cadena Pardo por Raquel Abend van Dalen


Tu primer poemario, Hotel, está concebido arquitectónicamente como un hotel: habitaciones, lobby, bar, lugares que el lector puede ir visitando a medida que lee. Y a su vez, historias sobre los huéspedes que ocupan estos lugares. ¿Quiénes son ellos? , ¿qué hacen ahí?

Nunca me lo pregunté. Ahora que lo pienso me vienen a la cabeza dos alternativas que tal vez no se excluyen. Por un lado, pienso que todos son una versión de mí misma afrontando cada uno de esos espacios que el “hotel” de la vida nos va ofreciendo en la estadía aquí. Pero también pienso que, simultáneamente, eso huéspedes del hotel encarnan los seres que la vida nos pone en frente con su trascurrir, esa gama de personajes que vamos encontrando con el tiempo y que por una u otra razón nos dejan una marca, un recuerdo, algo.

¿Qué lugar le das al misterio en tu escritura?

Para ser sincera le doy un lugar central. Para mí escribir es precisamente enfrentarse al misterio, a todo aquello que no podemos afrontar desde una posición racional y lógica, sino que sólo desde la intuición y desde una disposición de apertura a ese acontecer del acto poético, puede ser logrado. El misterio  para mí es algo que está ahí, que está y que es, ¿qué? me podrían preguntar, y entonces yo diría como Nicanor Parra: "Que cada cual lo llame como quiera:/
Ese es un problema personal".

¿Cómo vives la relación entre migración y poesía?

Creo que la migración es un ejercicio saludable para la escritura, no necesario, pero sí saludable, por lo menos así lo fue en mi caso. Pienso, sobre todo, que la capacidad de sorprenderte de nuevo, como un niño, que te da el estar lejos de todo lo que siempre has considerado como tuyo, como usual, es una ganancia enorme. Es abrir los ojos a algo que no habías visto y ver de nuevo lo conocido desde otro punto. Yo creo que la poesía está hecha de asombro, asombro ante la realidad, ante el hombre, ante el misterio, ante todo lo que nos rodea; entonces, es ahí donde la migración se hace saludable para la poesía, de cualquier forma, te obliga a mirar, nuevamente, con un asombro genuino todo lo que te rodea.

¿Te consideras una poeta cuya extranjería es independiente del lugar donde viva?

Si y no, no de forma tan radical. Digamos que estar lejos de mi país de origen me ha dado cierta conciencia de ese sentimiento de extranjería que muchas veces he llegado a experimentar en mi propia ciudad. Sin embargo, creo que no se debe confundir cierta sensación, que muchas veces podemos experimentar, de aislamiento frente a un mundo que nos resulta ajeno en cualquier lugar, con la idea de extranjería. Creo que la tierra en que nacemos, inevitablemente, construye una porción de nosotros, qué tan grande o pequeña sea, dependerá de cada quien, supongo, pero creo que mi extranjería, en el sentido absoluto de la palabra, la siento fuera de mi país, que soy colombiana de cualquier modo, e inevitablemente, aquí y en Colombia, aunque la sensación de lo ajeno pueda suceder también en cualquier lugar.


El proyecto de realizar un poemario titulado Cinema, en el que cada poema hace alusión a una película, ¿fue una idea premeditada o se fue desarrollando a medida que fuiste escribiendo los textos?

Bueno, en realidad el poemario surgió sin planeación, es decir, no decidí inicialmente escribir un poemario sobre películas sino que más bien una película específica me llevó a escribir el primer poema, de hecho fue Dogville de Vontrier. El poema surgió inmediatamente después de ver la cinta, cuando las sensaciones y los pensamientos que me provocó estaban latentes aún, así que en ese momento me di cuenta de que el cine causaba una serie de experiencias muy fuertes en mí que trasladas a la escritura podrían convertirse en poemas. Fue así como unos meses más tarde decidí empezar a ver de nuevo todas aquellas películas que por una u otra razón me habían marcado, pero esta vez con la intención de escribir sobre ellas. Por supuesto, no todos los intentos salieron exitosos, hubo poemas, de películas que amo, que no lograron ser, por lo menos no lo que yo esperaba de ellos, así que quedaron por fuera del poemario, otros tantos sobre los que tuve que volver varias veces después de la primera escritura y algunos pocos que surgieron casi que terminados en el primer intento.
Cinema es un libro bastante peculiar, tanto desde el punto de vista de su composición como desde el punto de vista de su temática, ¿cuál es la relación que guardan sus poemas con los films que les dan título?

Siento que es una relación bastante arbitraria, la verdad. Creo que el poema intenta poetizar simultáneamente la experiencia del personaje dentro de su mundo cinematográfico y mi propia experiencia como espectadora que tiene una realidad diferente pero que a la vez se refleja en la película. Además, creo que varía un poco de poema a poema. Tal vez en algunos casos el poema es un collage de las impresiones más fuertes que tuve de la película, pero, en otros tantos, se trata de una mezcla de las imágenes fílmicas con las imágenes de mi propia experiencia, podría ser algo así como un diálogo entre la realidad de la película y mi propia realidad.


¿Qué relaciones fértiles crees que pueden sostenerse entre la poesía y otras artes?

Creo que un escritor parte siempre de sus experiencias y sobre todo de sus pasiones para darle vida a su obra; entonces,  pienso que no sólo los libros alimentan su proceso creador, sino todo aquello que lo apasiona y dentro de esto, puede estar cualquier otra manifestación artística diferente a la literatura. En mi caso particular el cine es uno de esos grandes amores que en un momento dado se infiltró en mi escritura como una forma de expresar mi experiencia frente a las películas y lo que de la vida pude observar a través de ellas. Pero como el cine, creo que puede ser la pintura, la música o cualquier otro tipo de arte el que funcione como semilla que para el acto creador.

¿Cómo fue el proceso de selección de las películas que aparecen en el poemario? Me llama la atención que el color tiene una gran preponderancia en ellas.

De las películas que escogí creo que no hubo otro criterio diferente al plenamente subjetivo, son películas que en su momento me hicieron vivir una experiencia muy fuerte, de esas con las que uno llora y reí a plenitud o que nos dejan algo así como sumergidos en otra dimensión personal, durante horas, después de verlas. Como ya dije, cuando decidí Cinema como proyecto de libro, empecé a ver nuevamente las películas que ya hacían parte de mi catálogo personal; ya luego, acudí a las recomendaciones de ciertos amigos cinéfilos que me conocen bastante y saben qué tipo de película me puede llegar encantar, uno de ellos las llama películas paolescas (sabe que son cintas que me van a hacer llorar), lo cual no tengo muy claro, pero generalmente logra atinar, así que tal vez eso del color que te llamó la atención puede tener algo que ver con lo que él paolesco sin que yo haya sido consciente de ello.

Al leer tu libro me encontré con la presencia de giros coloquiales, en los que de pronto se puede sentir el manejo de cierto erotismo. ¿Es un tema que llame tu atención?, ¿quieres profundizarlo en proyectos venideros?

Bueno, la verdad no creo que sea un tema que me llame la atención particularmente. Tal vez el contenido de varias de las películas me llevó a tocarlo en diferentes ocasiones, y aunque me parece interesante como faceta de lo humano,  no creo que llegaría a centrar un proyecto poético completamente en él. Sin embargo, sí creo que el erotismo es sí mismo una cuestión bastante poética, que como la poesía, tiene mucho que ver son lo sensorial y la vez con lo creativo, con la imagen, tal vez sea eso lo que más atrae mi atención.

Dado a que estás llevando a cabo tus estudios doctorales, ¿has pensado en incursionar en el género ensayístico?

Es una pregunta interesante, efectivamente el género ensayístico es algo que debo visitar con mucha frecuencia debido a mis estudios ahora mismo, y aunque siento mucho respeto por el trabajo académico y es algo que disfruto (valga decir, la mayoría de las veces, no todas), creo que ahora mismo no tendría un proyecto claro en este campo. Tal vez a futuro, por qué no, especialmente si hablamos de ensayo literario, que es algo que me gusta mucho.

¿En qué estás trabajando ahora?

Aunque no surgió tampoco como la idea de un libro, he estado ya un buen tiempo trabajando en un grupo de poemas que giran en su mayoría en torno a la experiencia del exilio. Luego de estar dos años en Estados Unidos, regresar a Bogotá durante un año fue como tener la oportunidad de procesar y exteriorizar esa experiencia de lo extranjero, la lejanía, la diferencia, en fin. Así que fueron surgiendo una serie de textos al respecto que ahora pienso que podrían llegar a conformar un nuevo libro. Ahora, ya de vuelta en Estados Unidos seguiré trabajando en eso y veremos qué resulta.


Paola Cadena Pardo Nació en Bogotá en 1983. Es Licenciada en Español e Inglés de la Universidad Pedagógica Nacional y Magister en Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Cincinnati.  Publicó su primer libro  titulado Hotel en el 2008 con la editorial Ulrika, y su segundo poemario Cinema está próximo a aparecer en Venezuela con Bid & co. Editor. Poemas suyos han aparecido en diversas revistas y antologías de Colombia, España y México. Además, ha participado en varios encuentros como el Festival Internacional de Poesía de BogotáPoesía en Abril de Chicago, entre otros. Finalista del VI Certamen Internacional de Poesía Martín García Ramos, 2007. Ha colaborado en revistas nacionales y extranjeras, así como en organizaciones para la promoción cultural y literaria. Actualmente se desempeña como docente de literatura de la Universidad Pedagógica Nacional.